Entrevista a Yayo Herrero

Yayo Herrero (Madrid, 1965) es una de las principales voces de referencia en materia de ecofeminismo en el Estado espa√Īol. El ecofeminismo es una corriente de pensamiento que, por un lado, recoge de la econom√≠a feminista el hecho de poner en el centro las tareas que permiten el sostenimiento de la vida, como los cuidados, tradicionalmente omitidas en la definici√≥n convencional de la econom√≠a. A la vez, el ecofeminismo resalta la centralidad de estas en cualquier propuesta que tenga que hacer frente a la crisis ecosocial provocada por el modelo de crecimiento econ√≥mico capitalista. A lo largo de su trayectoria, Yayo Herrero ha combinado un papel destacado en organizaciones como Ecologistas en Acci√≥n o la Fundaci√≥n FUNHEM con una prol√≠fica tarea investigadora alrededor de la crisis ecosocial. Recientemente, publicaba Toma de tierra (Caniche, 2023), obra que recopila en una edici√≥n cohesiva una selecci√≥n de textos propios, entrevistas y conferencias, en los que presenta los debates y las decisiones que deben acometerse en el camino hacia un modelo diferente que nos aleje del abismo. ¬ŅPodemos construir un mundo donde todas las personas logren vidas dignas de ser vividas? Hablamos con ella, entre otros temas, de las claves de una transici√≥n ecol√≥gica justa, los cambios socioculturales que puede provocar y los discursos que se generan alrededor de estos debates.

Yayo Herrero

Fotografías de Jordi Play

¬ŅC√≥mo se unen feminismo y perspectiva ecologista para abordar la crisis ecosocial?

Cuando hablamos de la crisis ecológica, decimos que la vida está en riesgo y conviene entonces preguntarse qué es lo que la sostiene. Y vemos que la vida se sostiene a partir de relaciones con la naturaleza: no hay nada, absolutamente nada, de lo que la economía produce, que no dependa en primera instancia de la naturaleza. Y a esta nadie la controla, sino que tiene su propia autorganización. El ecofeminismo reconoce que, además de esas relaciones de ecodependencia, hay otras que tienen que ver con las relaciones entre las personas. Es decir, ninguna vida humana se sostiene si nadie la mantiene intencionalmente, sobre todo durante la infancia, la vejez y en determinados momentos vitales. Entonces, vemos que hay unos vínculos absolutamente evidentes que marcan que la vida humana es ecodependiente y también interdependiente y, que debe ser sostenida de forma intencional.

Este sostenimiento de la vida, como usted indica, lo han llevado a cabo tradicionalmente las mujeres. ¬ŅC√≥mo se ven estas afectadas de manera diferencial por el cambio clim√°tico?

Algunos factores son meramente f√≠sicos; por ejemplo, las olas de calor afectan en gran medida a las personas mayores y dentro de estas, sobre todo a mujeres, por una cuesti√≥n de mera fisiolog√≠a. Adem√°s, en los lugares donde hay grandes inundaciones o eventos clim√°ticos extremos, la mortalidad de las mujeres es much√≠simo mayor, porque habitualmente son personas que no pueden salir corriendo, ya que tienen a su cargo a otras m√°s peque√Īas, ancianas‚Ķ A veces son simplemente factores educativos: no han aprendido a nadar, no tienen la misma soltura para trepar un √°rbol‚Ķ Es decir, hay una incidencia f√≠sica y otra social, que tiene que ver con el rol que ocupan las mujeres en sus espacios. Otro ejemplo: por causa del cambio clim√°tico, las sequ√≠as son m√°s habituales, la agricultura de subsistencia se ve dificultada, o es m√°s dif√≠cil acceder a le√Īa u otros materiales combustibles. Y en casi todos los lugares son mayoritariamente mujeres quienes se ocupan de esas tareas. Por tanto, son ellas las que viven de una forma m√°s intensa las complejidades, las preocupaciones y los problemas que conlleva que de repente sea m√°s dif√≠cil acceder a aquello que te posibilita tener unas condiciones b√°sicas de existencia para ti y para tu comunidad. Todo esto recae sobre sus hombros.

De hecho, organismos internacionales como la ONU han resaltado la importancia de reforzar el papel de las mujeres en ciertas comunidades del sur global en la lucha contra el cambio clim√°tico.

Lo cierto es que ellas ya son tremendamente activas en este tema. Sobre todo en los países empobrecidos, las mujeres son las que encabezan todas las manifestaciones, las luchas, las resistencias… y no necesitan que vayamos desde otros lugares a empoderarlas. Lo que sí que podríamos hacer para ayudar desde los países enriquecidos es desarrollar unas formas de vida que no dependan del extractivismo en sus territorios y del destrozo de sus comunidades y condiciones de existencia.

En febrero sal√≠a el √ļltimo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Clim√°tico (IPCC), que insist√≠a, entre otros aspectos, en la urgente necesidad de descarbonizar la econom√≠a. Usted afirma que no solo hay que descarbonizar, sino tambi√©n cambiar din√°micas productivas y sociales.

Claro. En primer lugar, corremos el riesgo de llamar descarbonizar a cambiar una fuente energ√©tica por otra sin tener en cuenta si realmente esa nueva fuente energ√©tica es independiente del petr√≥leo. Las placas solares o los aerogeneradores, a d√≠a de hoy, no se fabrican con energ√≠as renovables, sino que requieren petr√≥leo. Entonces, podr√≠amos caer en el autoenga√Īo. Porque, aunque la descarbonizaci√≥n y la apuesta por las energ√≠as renovables sean temas clave, hay que tener en cuenta que vivir de las energ√≠as renovables supone inevitablemente vivir con mucha menos energ√≠a. No se trata solo del cambio de fuentes, sino un cambio radical en los modelos de producci√≥n, distribuci√≥n y consumo. A d√≠a de hoy tenemos unas econom√≠as profundamente energ√≠voras, petrodependientes, de producci√≥n a gran escala y desde la lejan√≠a. Por tanto, una transici√≥n energ√©tica comporta una transici√≥n en las formas de vivir, de producir, de consumir, de alimentarnos, de divertirnos‚Ķ Es decir, muchas transformaciones. Y hemos de hacerlo adem√°s de forma justa.

¬ęLos pa√≠ses enriquecidos debemos desarrollar unas formas de vida que no dependan del destrozo de las comunidades del sur global¬Ľ

En cambio, tal como se est√° materializando ahora la descarbonizaci√≥n, continuamos yendo al sur global a extraer los materiales que necesitamos para fabricar placas solares para los pa√≠ses ricos o, sin ir m√°s lejos, en el Estado espa√Īol vemos c√≥mo se destruyen zonas de cultivo productivas para poner aerogeneradores o placas.

Necesitamos, insisto, esa descarbonización y la transición a las energías renovables, pero hay que hacerlo con cabeza. Con cabeza y con justicia. Es decir, pensando cuánta energía se puede generar, para qué se va a generar, dónde se va a generar y hacerlo de una forma justa. Hay que entender que, queramos o no queramos, globalmente vamos a vivir con menos energía y hay que hacerlo de una forma que estén garantizadas las necesidades de todas las personas y no solamente de unas pocas.

¬ŅPor d√≥nde habr√≠a que empezar para garantizar una transici√≥n energ√©tica justa?

Previamente, veo b√°sico hacer una enorme campa√Īa de sensibilizaci√≥n para que se entienda qu√© es lo que est√° en juego y por qu√© es necesario acometer esas transformaciones. No estoy hablando de educaci√≥n ambiental, sino de una campa√Īa similar a las que se lanzaron durante la pandemia de covid para que las personas comprendi√©ramos lo que nos iba en ponernos las mascarillas, en quedarnos en casa, en lavarnos las manos‚Ķ Deber√≠a hacerse una campa√Īa con la misma ambici√≥n, que no dejara ni un solo espacio sin tocar, para hacer entender el problema que atravesamos y por qu√© son necesarios esos cambios.

¬ŅY despu√©s? Desde su punto de vista, ¬Ņhacia d√≥nde orientar la transici√≥n energ√©tica para conseguir un sistema que realmente sostenga la vida?

En primer lugar, debemos ver c√≥mo garantizar condiciones de vida dignas para todas las personas. Es decir, no hay transici√≥n ecol√≥gica posible si se hace a costa de que muchas personas se queden sin agua, sin luz o sin alimentos suficientes y de calidad. Por tanto, podr√≠amos establecer una renta b√°sica en especie que garantice que todo el mundo tiene una vivienda, un suministro m√≠nimo de energ√≠a, agua, alimentos razonables‚Ķ Esto ser√≠a una de las patas b√°sicas. En paralelo, es necesario hacer una buena planificaci√≥n de la huella ecol√≥gica, de manera que se priorice la producci√≥n de todo lo que hace falta para satisfacer las necesidades de todas las personas y no solamente de unas pocas, y dejar en un segundo plano la de todo aquello m√°s superfluo o prescindible. En ese sentido, debemos acometer la cuesti√≥n de la alimentaci√≥n, una alimentaci√≥n que no envenene ni a la tierra ni a las personas, que venga de lo m√°s cerca posible, que sea de temporada, y con un muy bajo consumo de prote√≠na animal. En segundo lugar, estar√≠a todo lo que tiene que ver con el modelo de ciudad, de ordenamiento del territorio, las zonas rurales‚Ķ Aqu√≠ entra desde conseguir que las edificaciones necesiten muy poca energ√≠a, se mejoren los aislamientos, etc√©tera, a establecer un transporte que sea fundamentalmente p√ļblico y colectivo. Al mismo tiempo, deber√≠an garantizarse servicios en la proximidad para que las personas no se vean obligadas a pasar muchas horas desplaz√°ndose. Yo empezar√≠a por todos estos elementos.

Fotografías de Jordi Play

En el libro, lanza cr√≠ticas al modelo de trabajo asalariado capitalista, donde hay muchas ocupaciones que se alejan de cubrir las necesidades b√°sicas tal como las plantea usted. ¬ŅQu√© piensa de propuestas como la semana laboral de cuatro d√≠as?

Parece que sea algo nuevo, pero reducir la jornada laboral fue una de las grandes conquistas en su momento del movimiento sindical. Me parece muy bien la semana laboral de cuatro días, pero podría ser también una semana con menos horas de trabajo, con jornadas diarias más cortas… En cualquier caso, trabajar menos horas en el espacio mercantil es una cuestión clave, lo que no significa dejar de trabajar: luego nos quedan todas las tareas que tienen que ver con el sostenimiento de la vida, que hay que repartir y hacer.

El turismo de masas, con todos los desplazamientos en avi√≥n que conlleva, la explotaci√≥n de ciudades y entornos naturales, etc√©tera, tambi√©n es una de las patas de la crisis ecosocial. Si trabaj√°ramos menos, ¬Ņnecesitar√≠amos viajar menos? ¬ŅNecesitar√≠amos menos ocio capitalista, en general?

Sí, pero no solo eso. Estoy convencida de que una jornada laboral que deje más tiempo disponible para las personas supondrá menos prisas, y menos necesidad de correr de un lado para otro y de utilizar transportes basados en la energía fósil. Por supuesto, probablemente también comportaría un tipo de ocio que no tenga esa pulsión de consumo tan fuerte. En nuestra sociedad se trabaja tanto, hay tan poco espacio para decidir realmente qué es lo que se quiere hacer, que muchas veces cuando tenemos ese espacio lo que deseamos es hacer cosas muy llamativas o que nos permitan evadirnos. Y a veces son cosas que tienen un gran consumo de energía. Yo creo que una vida más serena, más tranquila, con menos horas de trabajo, nos permitirá también elaborar una forma de vivir bien que requiera menos energía fósil.

Hemos visto reacciones muy negativas cuando se han planteado peque√Īas acciones como comer menos carne, usar menos el coche o el avi√≥n‚Ķ ¬ŅC√≥mo desmontar o desaprender la mitolog√≠a capitalista del progreso y la riqueza sin que se perciba como una p√©rdida, o incluso como una tiran√≠a?

Siempre se plantea la transici√≥n ecol√≥gica como una propuesta que empeora la vida de la gente, pero lo cierto es que en este pa√≠s el 60‚ÄČ% de la poblaci√≥n vive en condiciones de pobreza estructural. Hay un mont√≥n de gente joven, que incluso con una carrera terminada, con un m√°ster y hablando idiomas, no puede acceder a una vivienda, aunque trabaje. Hay gente que tiene un sueldo y, aun as√≠, no puede pagar la luz. Por lo tanto, no partimos de una situaci√≥n id√≠lica de bienestar material para todo el mundo: partimos de una situaci√≥n en la que mucha gente vive la mayor parte de su vida endeudada, pagando hipoteca, con dificultades importantes para llegar a final de mes, con miedo a que sus hijos no puedan vivir con un bienestar razonable‚Ķ Muchas personas consumen ansiol√≠ticos, mucha gente joven tiene ecoansiedad o futurofobia y el suicidio es la principal causa de muerte no natural de las personas j√≥venes. Para toda esa gente, una propuesta de transici√≥n ecol√≥gica justa, que garantice las condiciones b√°sicas de existencia en un contexto de contracci√≥n del uso de energ√≠a y de materiales, es una propuesta a mejor. Por otra parte, conozco montones de personas que, aunque no estuviesen en una situaci√≥n precaria, durante el confinamiento experimentaron vivir mejor de lo que viv√≠an cotidianamente, sin tener que ir a trabajos que no les gustaban. Esa gente, aunque la transici√≥n les suponga un modelo de vida m√°s austero en lo material, tambi√©n puede aspirar a tener una vida mejor. Las transformaciones no les ser√°n demasiado gravosas y probablemente las aborden con la sensaci√≥n de estar haciendo algo que mejora la vida de todos. Por tanto, creo que solo una peque√Īa parte de la poblaci√≥n percibir√° como una merma ir a condiciones de existencia m√°s austeras. Pero estamos hablando de una parte de la poblaci√≥n que tiene mucho m√°s de lo que les corresponde. As√≠, cuando aterrizamos en el marco de lo concreto, nos damos cuenta de que, en general, es una gran mayor√≠a la que puede ganar y vivir mejor.

¬ęAnte los grandes problemas, la fuerza con la que nacen las iniciativas comunitarias es tremenda¬Ľ

¬ŅQu√© papel cree que puede jugar la divulgaci√≥n cient√≠fica a la hora de conocer mejor los l√≠mites del planeta?

Si no hubiera conocimiento cient√≠fico, estar√≠amos pensando que estamos atravesando una especie de terrible maldici√≥n en forma de mal tiempo, incendios‚Ķ La ciencia nos da oportunidades para poder anticiparnos y trabajar cuestiones como el declive de la energ√≠a y de los materiales, la agronom√≠a, o qu√© tecnolog√≠as nos podr√≠an alumbrar en formas de hacer, siempre que sean tecnolog√≠as compatibles con la vida de la gente. Por tanto, creo que la ciencia y la divulgaci√≥n cient√≠fica tienen un papel clave. La ciencia, sobre todo la ciencia p√ļblica, tiene la obligaci√≥n de pensar en c√≥mo poner a disposici√≥n de la gente, que ha contribuido tambi√©n a que esa ciencia exista, los datos o la informaci√≥n m√°s compleja. A veces se habla de la divulgaci√≥n como si fuera una especie de hermana menor de la comunicaci√≥n cient√≠fica, pero a m√≠ me parece una labor de acercamiento absolutamente crucial.

¬ŅCree que situaciones como las olas de calor de los √ļltimos veranos, cada vez m√°s frecuentes e intensas, o la sequ√≠a prolongada que se est√° viviendo en algunas partes del pa√≠s han servido para concienciar a m√°s personas de la realidad del cambio clim√°tico?

Absolutamente. En el medio rural, la gente lo dice: lo que est√° pasando no es normal. El conocimiento que alguien ten√≠a para manejar sus huertas o frutales ya no le sirve. En las ciudades, mucha gente mira con verdadero pavor los term√≥metros. Por otro lado, en un pa√≠s como el nuestro, el tema del agua ser√° un problema cada vez mayor. Entonces, todo esto est√° sirviendo para sensibilizar, si bien estos no deber√≠an ser los √ļnicos factores de sensibilizaci√≥n. Es decir, hay que poner m√°s medios para conseguir una mayor concienciaci√≥n, no puede depender todo de que el tiempo est√© raro o de que la gente lo est√© pasando mal.

Se ha venido a llamar colapsismo a los discursos m√°s realistas o crudos sobre las situaciones que provoca la crisis ecosocial. A menudo, se acusa a esta perspectiva de provocar desesperanza o inmovilismo. ¬ŅQu√© piensa usted al respecto?

No soy muy partidaria del t√©rmino colapsismo. Hay muchas personas que han sido tildadas de colapsistas y este calificativo parece indicar que su objetivo sea meterle miedo a la gente. Pero estas personas en realidad llevan d√©cadas planteando los riesgos de una crisis ecosocial y hablando de colapso en t√©rminos de diagn√≥stico, tal como lo hace el IPCC, cuando advierte del posible colapso de las formas de funcionamiento sociales si no se hace nada. Es decir, por colapso se refieren a la imposibilidad de que el modelo econ√≥mico y social capitalista que tenemos contin√ļe funcionando de la misma manera en el contexto de crisis ecosocial. Para m√≠, eso es lo que plantean, y concuerda con lo que dice la comunidad cient√≠fica e incluso sectores como la Agencia Internacional de la Energ√≠a. Por tanto, hablar de colapso es emitir un diagn√≥stico, alertar de los riesgos. El colapsismo no existe, o al menos, yo no conozco a nadie que lo plantee como una propuesta pol√≠tica, que obviamente ser√≠a absurda. Como yo lo veo, casi toda la gente que alerta del colapso acompa√Īa ese diagn√≥stico con una serie de propuestas, que nos pueden parecer mejores o peores, m√°s o menos viables‚Ķ De hecho, ah√≠ es d√≥nde est√° ahora el debate.

Fotografías de Jordi Play

¬ŅEn las propuestas para afrontar la crisis ecosocial?

Sí, es decir, sabemos que hay que hacer una transición energética, pero no sabemos muy bien cómo abordarla. Sabemos que hay que avanzar hacia la descarbonización, pero no sabemos muy bien cómo hacerlo sin que suponga convertir en zonas de sacrificio los territorios de extracción de los pueblos del sur global. Necesitamos mucho debate, mucho estudio y mucho encuentro para ver cómo hacerlo. Y es normal que existan miradas distintas y discrepantes al respecto. Pero es cierto que no me gusta mucho el tono descalificador que hay a veces en algunos debates. Es decir, ni los colapsistas son colapsistas, ni son una panda de cenizos: son personas que están planteando propuestas de acuerdo con diagnósticos reales. De igual manera, quienes están pensando en cómo plantear una propuesta atractiva también están cumpliendo su papel, porque están planteando un abordaje que sea a su vez un instrumento de cambio. Hay muchos matices entre estas posiciones, pero estos debates no deberían tener lugar en las redes o en los medios de comunicación en unas formas que no conducen a nada. En mi opinión, así eliminamos espacios de trabajo, y justamente lo que necesitamos son espacios de construcción colectiva para ver cómo solucionamos esta crisis, porque nadie sabe realmente cómo hacerlo.

Un aspecto preocupante al respecto es la respuesta violenta que est√° dando el capitalismo a esta crisis, con el refuerzo militarizado de las fronteras o la represi√≥n a los movimientos ecologistas por todo el mundo. ¬ŅC√≥mo podemos abordar estas situaciones desde la poblaci√≥n general?

Realmente es algo muy preocupante porque, m√°s all√° de la coyuntura de la guerra de Ucrania, se ha visto un aumento bestial del gasto en armamento y, por lo general, un atrincheramiento en lo militar. Todo esto mientras vamos hacia un contexto en que tendremos problemas por el agua, por los minerales, por la energ√≠a‚Ķ Me da la sensaci√≥n de que las problem√°ticas van a convertirse en amenazas, y eso provocar√° que se aborden desde una perspectiva violenta, no desde una que trata de resolver los problemas. As√≠, la activaci√≥n social y el movimiento de calle ser√°n muy importantes. Aqu√≠ en Espa√Īa, la derogaci√≥n de la ley mordaza es algo clave para actuar contra la represi√≥n.

Usted habla siempre del trabajo en colectivo, desde la comunidad, para responder a todos estos retos que nos plantea la crisis ecosocial. ¬ŅEs, quiz√°s, la construcci√≥n de esa comunidad el verdadero reto que tenemos por delante?

Sí, porque no tenemos la costumbre de hacerlo. Pero, por ejemplo, durante el confinamiento, la explosión de solidaridad fue mayoritaria. Pasaron también cosas que no lo eran, pero en muchos lugares la gente se organizó para ocuparse voluntariamente de otras personas que lo estaban pasando mal. Así, ante los grandes problemas, la fuerza con la que nacen las iniciativas comunitarias es tremenda, y es entonces cuando nos damos cuenta de que no es algo tan difícil como parece.

© Mètode 2023 Р118. Parientes primates РVolumen 3 (2023)

Source: metode.es

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