Entrevista a Walden Bello ‚Äď Ecolog√≠a Pol√≠tica

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Walden Bello es profesor de sociología en la Universidad Estatal de Nueva York e investigador en el Centro de Estudios de Sudeste Asiático en la Universidad de Kioto, Japón. El profesor Bello formó parte de la Cámara de Representantes de Filipinas entre 2009 y 2015, durante este período fue el presidente del Committee on Overseas Workers Affairs. Bello es autor y coautor de 20 libros, entre ellos se encuentran Food Wars (Londres:Verso, 2009) o ), Dragons in Distress: Asia’s Miracle Economies in Crisis (Londres: Penguin, 1990).

 

¬ŅA qu√© se refiere cuando define el ascenso de la extrema derecha como una contrarrevoluci√≥n global?

Frente al t√©rmino populismo, que denota un estilo pol√≠tico y est√° vac√≠o de significado, contrarrevoluci√≥n es el concepto m√°s √ļtil para entender el ascenso de la extrema derecha. Como afirmo en mi libro Counterrevolution. The Global Rise of the Far Right,[1] existen dos tipos de contrarrevoluci√≥n. Una es la contrarrevoluci√≥n cl√°sica, como respuesta de las √©lites y las clases medias amenazadas por una insurrecci√≥n desde abajo, de las clases bajas. Este tipo de situaci√≥n es muy com√ļn en el Sur global, donde los progresivos programas reformistas orientados a personas trabajadoras y campesinas son vistos como una amenaza por las clases medias y altas. Las din√°micas pol√≠ticas de Indonesia en 1965, Chile en 1973 y Tailandia en 2014 son de este tipo. La otra categor√≠a es una contrarrevoluci√≥n contra la democracia liberal, contra la incapacidad de este sistema para responder a los intereses de los grupos sociales que lo apoyaron en sus inicios, como la clase media. En Europa y Estados Unidos, por ejemplo, las bases de la extrema derecha son sectores de la clase trabajadora y la clase media-baja. Estos sienten que el estatus social del que disfrutaban con el viejo estado de bienestar se ha deteriorado con la llegada de las √©lites de centroizquierda y centroderecha al favorecer estas las pol√≠ticas neoliberales y aliarse con minor√≠as y migrantes que buscan ¬ęrobar¬Ľ sus beneficios y privilegios.

 

¬ŅCu√°les son los principales rasgos comunes de los Gobiernos de extrema derecha en el Sur y el Norte globales?

Bueno, hay varios puntos de convergencia. Algunas personalidades y grupos de extrema derecha que llegan al poder o a la antec√°mara del poder muestran fuertes tendencias autoritarias y no tienen reparos en debilitar las instituciones democr√°ticas si encuentran la oportunidad. Rodrigo Duterte en Filipinas, Viktor Orb√°n en Hungr√≠a y Donald Trump comparten esta caracter√≠stica. Son l√≠deres carism√°ticos para sus bases, que movilizan buscando cabezas de turco; es decir, generando u orientando el odio de la mayor√≠a racial o cultural hacia las minor√≠as y los inmigrantes. Aunque se definen como antisistema o como el azote de las √©lites, no quieren modificar el r√©gimen econ√≥mico ni amenazar la posici√≥n de las √©lites econ√≥micas. Legitiman los discursos y sentimientos antiliberales, como Duterte cuando se vanagloria de que matar√≠a gente, e ilegitiman los discursos y sentimientos liberales, como Narendra Modi en India al calificar la secularizaci√≥n como algo malo. Naturalmente, hay diferencias entre los l√≠deres de extrema derecha del Norte y del Sur globales. Modi y Duterte, por ejemplo, tienen programas econ√≥micos neoliberales, mientras que Trump, Orb√°n y Marine Le Pen plantean algunas medidas antiliberales, como abandonar la Alianza Transpac√≠fica o fortalecer el estado de bienestar, pero solo para aquellos de la comunidad ¬ęcorrecta¬Ľ, con la religi√≥n ¬ęcorrecta¬Ľ y la cultura ¬ęcorrecta¬Ľ.

 

En este n√ļmero nos centramos en la ecolog√≠a pol√≠tica de la extrema derecha. ¬ŅQu√© papel desempe√Īan la ecolog√≠a y el medioambiente en este movimiento contrarrevolucionario?

Bueno, siempre ha habido ecolog√≠a pol√≠tica en el seno de la derecha. Si nos retrotraemos a los a√Īos setenta, sus representantes eran algunos malthusianos, como Garrett Hardin, que defin√≠a el exceso de poblaci√≥n como la mayor amenaza para el medioambiente y afirmaba que la causa de esta sobrepoblaci√≥n estaba primordialmente en el Sur global. De hecho, Hardin afirmaba que, con el fin de preservar la integridad medioambiental, el mundo tendr√≠a que hacer una selecci√≥n y condenar a la miseria a gran parte de la humanidad, concretamente la del Sur global, y apoyar solo a una minor√≠a, la del Norte global. Obviamente, quer√≠a aparentar cierta neutralidad, pero se sobrentend√≠a que gran parte del Sur global tendr√≠a que sacrificarse para que el planeta mantuviese a una minor√≠a de la poblaci√≥n, la de los pa√≠ses desarrollados.

Incluso a James Lovelock parece no importarle reducir la poblaci√≥n a un mill√≥n en aras de un planeta ¬ęm√°s feliz¬Ľ. La preocupaci√≥n por la capacidad planetaria para mantener un exceso de poblaci√≥n en los pa√≠ses pobres del Sur global es el punto de partida de la conciencia medioambiental en los c√≠rculos de la derecha. Desgraciadamente, se trata de un arma de doble filo. Yo creo que mucha gente del Norte se considera ecologista y, al mismo tiempo, est√° a favor de endurecer los controles migratorios. Algunos son m√°s directos y otros simplemente no quieren ser tachados de pol√≠ticamente incorrectos.

 

¬ŅQu√© opina de la idea de ecofascismo?

Quiz√°s el ecofascismo todav√≠a no sea un movimiento importante, pero puede llegar a serlo si el medioambiente se sigue deteriorando y los habitantes del Norte no est√°n dispuestos a limitar su consumo ni a reestructurar su tejido productivo para reducir las emisiones de carbono. Si siguen a l√≠deres como Trump, pueden culpar a los pa√≠ses del Sur y cargarlos con la responsabilidad de la reestructuraci√≥n. Tambi√©n podr√≠a ocurrir que, en vez de efectuar cambios radicales en t√©rminos de producci√≥n y consumo, elijan endurecer los controles en las fronteras y aplicar medidas de inmigraci√≥n draconianas con el argumento de que la llegada de m√°s personas a Europa, Estados Unidos y Jap√≥n provocar√≠a un mayor desgaste medioambiental y una ca√≠da de la calidad de vida de sus habitantes. Los sectores m√°s permeables a los discursos ecofascistas ser√≠an las clases media y trabajadora, que no quieren m√°s ajustes en su estilo de vida y prefieren culpar a los inmigrantes de su deterioro. El ecofascismo y el racismo podr√≠an hacer causa com√ļn.

 

¬ŅHay alguna contradicci√≥n entre la tendencia de la extrema derecha a apropiarse del discurso ecologista y el desarrollo de la regulaci√≥n medioambiental en favor de los intereses empresariales?

El compromiso medioambiental nace del miedo al exceso de población y al deterioro de la calidad de vida derivados de las altas tasas de reproducción de las minorías y las políticas liberales de inmigración, y no de un análisis crítico del capitalismo como el mayor desestabilizador del medioambiente. Por lo tanto, no hay contradicción alguna en ser un aparente ecologista en favor de los intereses económicos.

 

En el siglo pasado, la reinterpretaci√≥n rom√°ntica del campo fue un factor importante de la emergencia de la extrema derecha en Italia y otros pa√≠ses. ¬ŅOcurre hoy lo mismo?

Yo creo que mucho menos que en el cl√°sico caso del fascismo, y es comprensible, ya que el p√ļblico objetivo que la extrema derecha trata de movilizar ha perdido toda conexi√≥n con el campo y en su mayor parte es urbanita. La supervivencia de las √°reas rurales no est√° garantizada ni en el Norte ni en el Sur globales, por lo que el campo parece un lugar del que conviene huir, y no un sitio donde refugiarse. Lo que s√≠ se envuelve de un halo rom√°ntico es la naci√≥n: una comunidad que comparte sangre, lengua, cultura, religi√≥n y raza.

 

¬ŅQu√© opini√≥n le merece el populismo de izquierda? ¬ŅLo ve como una estrategia necesaria y viable contra las contrarrevoluciones fascistas?

La razón por la que no me gusta usar el término populismo para describir las políticas de la extrema derecha es que está vacío de significado. El populismo es un estilo político que apela a la gente directamente, sin intermediación de partidos políticos. En este sentido, Indira Gandhi, Narendra Modi y Hugo Chávez podrían considerarse populistas a pesar de las diferencias entre sus programas. Uno puede ser populista de izquierdas y otro, de derechas. Indudablemente, apoyaría un programa populista de izquierdas que movilizase a los trabajadores para conseguir una redistribución radical de la riqueza desde las élites hacia las clases trabajadoras. Al mismo tiempo, me opondría a un programa populista de derecha que buscase movilizar a los trabajadores blancos contra los inmigrantes haciendo creer a los primeros que los beneficios de los segundos son a su costa.

 

¬ŅQu√© estructuras institucionales creadas por la desacreditada √©lite democr√°tica podr√≠an ser √ļtiles para construir un modelo socioecol√≥gico alternativo?

Hay un gran n√ļmero de instituciones de la democracia liberal que habr√≠a que mantener y transformar. Los partidos pol√≠ticos son necesarios en cualquier tipo de democracia. El proceso legal es una importante barrera contra un Gobierno autoritario, al igual que la separaci√≥n de poderes. Yo creo que las diferencias m√°s rese√Īables est√°n en las siguientes cuestiones:

  • Representaci√≥n: el modelo alternativo favorecer√≠a los procesos democr√°ticos participativos frente a aquellos mecanismos democr√°ticos tradicionales.
  • Toma de decisiones: el modelo alternativo someter√≠a las cuestiones econ√≥micas al ejercicio democr√°tico, y lo har√≠a en dos direcciones: hacia arriba, con el control democr√°tico de las decisiones macroecon√≥micas que ahora toman los tecn√≥cratas, y hacia abajo, con la participaci√≥n obligatoria de los trabajadores en la gesti√≥n democr√°tica de la empresa.
  • Principios constitucionales: la igualdad ser√≠a el eje central de la Constituci√≥n. Esta establecer√≠a la no tolerancia de la desigualdad de ingresos y riqueza y la aplicaci√≥n de mecanismos redistributivos si se alcanzan ciertos niveles de desigualdad.
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    Usted pide ¬ęmayor firmeza en la gesti√≥n de la econom√≠a por parte del Estado y la sociedad civil, que la desplace m√°s all√° del capitalismo¬Ľ. ¬ŅPuede concretar su visi√≥n sobre la transformaci√≥n pol√≠tica?

    El objetivo final de la econom√≠a pol√≠tica debe ser un sistema que permita el desarrollo completo del ser humano y que favorezca una relaci√≥n armoniosa entre este y la biosfera. El capitalismo fracasa en ambas cuestiones dada su tendencia inherente a generar desigualdad y a la contradicci√≥n entre econom√≠a y medioambiente. Uno de los problemas principales del viejo socialismo, tanto del comunista como del socialdem√≥crata, fue ser demasiado estatista; convirti√≥ el Estado en un agente sin l√≠mites. Pero el Estado presenta din√°micas propias que, si no se tienen en cuenta, resultan en una jerarqu√≠a y otras formas de desigualdad de poder; en palabras de Max Weber, en la ¬ęjaula de hierro¬Ľ de la racionalidad burocr√°tica. Debe movilizarse a la sociedad civil para que controle al Estado a todos los niveles y para que controle una organizaci√≥n econ√≥mica h√≠brida que incluya al Estado, las cooperativas, las empresas privadas y otros tipos de unidades productivas. La interacci√≥n entre estos tres actores clave ‚ÄĒel Estado, la econom√≠a y la sociedad civil¬≠‚ÄĒ generar√° conflictos, pero tambi√©n una sinergia.

     

    Algunos intelectuales importantes, como Naomi Klein, ven en el cambio clim√°tico la oportunidad para revitalizar un movimiento de masas capaz de transformar el capitalismo desde abajo. ¬ŅEst√° de acuerdo?

    S√≠, estoy de acuerdo con mi buena amiga Naomi en este punto. El √©xito de los Verdes en las elecciones al Parlamento Europeo en 2019 refleja el potencial de la acci√≥n clim√°tica para movilizar a los sectores progresistas. Yo a√Īadir√≠a el movimiento de las mujeres. La sinergia de estos dos movimientos podr√≠a tener una gran fuerza transformadora.

     

    Ha estudiado durante mucho tiempo la importancia de la clase media para frenar transformaciones radicales. ¬ŅCree que la izquierda est√° frente a una contradicci√≥n en relaci√≥n con la crisis clim√°tica derivada de tener que plantear un cambio radical en las pautas de producci√≥n y consumo que, probablemente, har√° a las clases medias sentirse amenazas por un cambio tan radical?

    Creo que todo depende de c√≥mo nos dirijamos a la clase media. Si apelamos a su supuesto inter√©s com√ļn contra una peque√Īa √©lite capitalista, como la izquierda hizo en Chile, probablemente no se pongan de nuestro lado. Pero, si apelamos a sus mejores sentimientos en aras de una gran empresa humana para salvar el planeta, que implique sacarlas de sus preocupaciones individualistas y de clase, el resultado puede ser diferente. Ese fue el factor clave en la lucha antifascista en la Segunda Guerra Mundial. La gente luchaba y mor√≠a voluntariamente por la democracia porque era algo noble, algo que iba m√°s all√° de las cuestiones de clase. Valores; no intereses. Hay que apelar siempre a los valores, y no a los intereses.

     

    La expansi√≥n del coronavirus amenaza con incrementar las respuestas de corte nacionalista. ¬ŅQu√© se puede hacer para contrarrestarlas?

    Creo que debemos luchar por una respuesta internacionalista com√ļn que no se reduzca a que las instituciones multilaterales ayuden de forma masiva a los pa√≠ses en v√≠as de desarrollo, sino que implique luchar porque las cadenas de suministro globales sigan funcionando para prevenir la hambruna y una depresi√≥n global. Sin embargo, eso solo son medidas a corto plazo. Debemos avanzar de forma estrat√©gica hacia el desmantelamiento de las cadenas de suministro y favorecer la producci√≥n local, m√°s beneficiosa social y ecol√≥gicamente.

    Perm√≠tame concretar esto un poco m√°s. Este es el tercer aviso que recibimos en menos de veinte a√Īos de que tenemos que abandonar la globalizaci√≥n. El primero fue la crisis de los precios de los alimentos entre los a√Īos 2007 y 2008 derivada de los trastornos en las cadenas globales de suministro de alimentos. El segundo fue en 2008 con la crisis financiera global y la subsecuente recesi√≥n en la econom√≠a real. Y, como suele decirse, a la tercera va la vencida. Tras la crisis de 2008, favorecida por la globalizaci√≥n financiera que coadyuv√≥ a una recesi√≥n en la econom√≠a real, el camino que deber√≠a haberse seguido era el de la desglobalizaci√≥n de la producci√≥n. Sin embargo, nos embarcamos en una nueva fase de globalizaci√≥n conocida como ¬ęconectividad¬Ľ, liderada por China.

    Paralelamente a la conectividad digital, la conectividad de la infraestructura y del transporte, especialmente la a√©rea, se defini√≥ como la clave para garantizar el √©xito de la globalizaci√≥n. Cuando el virus lleg√≥, la conexi√≥n a√©rea fue su canal de expansi√≥n m√°s r√°pido. Y cuando China par√≥ su industria para frenar el virus, en el mundo se encendi√≥ la mecha de una nueva crisis porque la conectividad industrial hab√≠a provocado que muchas cadenas de suministro comenzasen precisamente all√≠, en China. Por lo tanto, la principal lecci√≥n es que la globalizaci√≥n, m√°s que la senda hacia la prosperidad, como sus partisanos afirmaban, result√≥ ser el atajo hacia el desastre absoluto. ¬ŅAprenderemos esta vez la lecci√≥n? Esa es la pregunta.

     

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    * Esta entrevista ha sido realizada de manera conjunta por el equipo editorial formado por Diego Andreucci, Santiago Gorostiza, Geovanna Lasso, Christos Zografos y Marién González-Hidalgo.

    [1]. N. de la t.: El libro a√ļn no se ha traducido al espa√Īol. Una posible traducci√≥n ser√≠a: ¬ęContrarrevoluci√≥n. El ascenso global de la extrema derecha¬Ľ.

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